Zuka
La casa de Blanca · La Guajira, 2021
- Año
- 2021
- Medio
- Fotografía documental · acabado en blanco y negro, grano 35 mm
- Lugar
- La Guajira, Colombia
- Fuente
- Testimonio de Blanca Díaz, mujer Wayuu de la comunidad Con Zepa
Nueve fotografías hechas en la casa de Blanca Díaz, en La Guajira. Su esposo Juancho fue asesinado por paramilitares en 2000. Su hija Zuka — quince años, vendía empanadas para reunir el dinero del aniversario de la muerte de su padre — fue raptada, violada y asesinada por hombres de Jorge 40 y Hernán Giraldo, en diciembre, dieciséis días antes de ese aniversario.
La casa funciona como tres partes de un mismo cuerpo: el altar (la foto en la pared, la mesa de los recuerdos, el mantel donde Zuka escribió de su mano «soy Zuka, estoy cumpliendo mis quince»), la madre (que sostiene la foto, que se cubre con la manta) y la ausencia (el cuarto, el vestido nunca usado). Acabado en blanco y negro con grano de película 35 mm para unificar el tono y dejar que la materialidad del duelo se quede al frente.





«Sin embargo, más allá de su alegría innata, ella vivía muy adolorida porque habían matado a su papá.»
— Blanca Díaz, sobre su hija Zuka
Mi marido era «vachi», esto quiere decir un hombre sabio. Tenía un gran conocimiento en plantas curativas, curaba gente de todas partes de Colombia y el mundo. Su fama y poderes despertaban envidia en muchos. Uno a uno los hermanos fueron asesinados sin piedad, hasta que le llegó el turno a Rubén Antonio, Juancho, como le decían a mi marido.
En esa época se peleaban las zonas, Hernán Giraldo y Jorge 40. A las muchachas que se ponían blusas corticas decidieron echarles ácido de carro en el vientre. Hablábamos de niñas de catorce años que, según los paramilitares, no seguían las normas morales de la patria.
Mi compadre cuenta que ella gritaba «mami ayúdeme», «mami defiéndame», «no me maten». El lugar donde la mataron y violaron fue el pozo. En las fotos de medicina legal la dejaron muerta en la laguna. Las otras muchachas quedaron desaparecidas. Solo una quedó viva, pero quedó completamente loca.
A mi hija al nadie reconocerla, antes de llegar nosotros, la enterraron en Cuestecitas. Cuatro meses después logramos que nos dijeran dónde la habían enterrado. La sacamos, la metimos en un ataúd y la enterramos en el cementerio junto a su padre. Años después nos amenazaron y nos exigieron que sacáramos el ataúd de mi hija del cementerio pues era indígena. La envolví en un chinchorro blanco.
Mi hija se llamaba Zuca por una famosa actriz de una telenovela brasileña que se llamaba «La mestiza». En la novela se habla sobre las disputas de tierras entre dos familias, un tema tan presente en Colombia.
— Testimonio de Blanca Díaz, 2021. Material conservado por la artista bajo autorización expresa para esta obra.
La obra no reconstruye la escena de la violencia. No documenta la herida. Hace lo contrario: entra a la casa donde el duelo ya es cotidiano, y deja que los objetos hablen — la foto que sigue colgada, el vestido que nunca se usó, las manos de la madre.
Blanca Díaz autorizó el uso de su voz y su imagen para esta obra. La autoría del testimonio le pertenece. La autoría visual es de la artista. No hay restitución posible. Lo que la obra hace es no dejar que el silencio se cierre.